mounier

El personalismo de E.Mounier.Publicado en la revista Arbil,nº 61. http://www.arbil.org/(61)calv.htm
Antonio Calvo. Instituto Emmanuel Mounier. Zaragoza
Mounier nace en Grenoble en el año 1905, en el seno de una familia católica, pero sin dogmatismos; leen bastante y discuten. Su padre es farmacéutico, pero no gana lo suficiente para poder comprar la farmacia donde trabaja, gana lo justo para mantener a la familia y tiene frágil la salud. Tiene una hermana, mayor que él, Madeleine que, años después, será su confidente. Contra la opinión de sus padres, que querían que estudiara medicina, estudia filosofía con Jacques Chevalier y prepara la cátedra de filosofía de instituto, que consigue a los 23 años. Sin embargo, abandona pronto esta prometedora carrera universitaria.
Cuando renuncia a su puesto de profesor de filosofía en la Universidad pronuncia estas palabras: "Pero, ¿cómo ceñirse a una confrontación teórica, cuando el Cristo sigue mutilado o esclavizado en tres cuartas partes de la humanidad? Hay que lograr el equilibrio entre la teoría y la práxis, al menos, mientras toda la humanidad no tenga satisfechas las necesidades vitales."
E. Mounier fue el fundador y el alma de la revista y del movimiento Esprit (1932), el mejor foro de debate entre humanistas creyentes y humanistas increyentes habido alguna vez en la historia de Europa. Al fundar Esprit Mounier abandona una prometedora carrera universitaria y se compromete en la creación de un movimiento. Su gran fuerza consistió en haber ligado, en 1932, originalmente su manera de filosofar con la toma de conciencia de una crisis de civilización y en haberse atrevido a proyectar, más allá de toda filosofía de escuela, una nueva civilización en su totalidad.
Mounier vivió pocos años (1905-1950), los suficientes, sin embargo, para vivir dos guerras mundiales y los fascismos, y comprender que tanto unas como otros son tristes lacras de un hombre insolidario que, mediante el sistema capitalista, introduce en la tierra un mal vergonzante. Frente a la extrema inhumanidad del mal sólo cabe un humanismo cálido y lúcido trabajando por la justicia. El anarquismo y el marxismo aportaban valores parciales, que Mounier asumió, pero, no se adscribió a ninguno de estos dos modos políticos. Tenía una convicción previa por la que había optado: una transformación radical comienza por el cambio del corazón. Precisamente porque hacemos el mal voluntariamente, la revolución será espiritual o no será; pero, a su vez, será estructural, económica y política, o no será.
Se trataba de un nuevo proyecto de civilización. Rehacer el Renacimiento, recuperar el gran proyecto de 1789 bajo el lema "Libertad, Igualdad, Fraternidad"; en aquel pasado alentaba un porvenir mejor.
Para rehacer la historia, construir una nueva civilización había que asumir plenamente el presente, tomando el acontecimiento como maestro interior. Acontecimientos sólo se dan para las personas. Con las cosas no hay relación de encuentro, sino con aquello que nos ayuda a crear vínculos fraternos, iguales y libres. El "acontecimiento" implica búsqueda y proyecto cuando se quiere vivir a la altura de la dignidad humana.
Apuesta por la pobreza.
"Me mantendré en la obra comenzada en Esprit hasta la misma miseria". Sólo así podrá luchar el intelectual junto a los oprimidos y los humillados. La base de la acción y del pensamiento de Mounier es el misterio cristiano de la pobreza, un misterio primeramente vivido, incorporado, antes que ensanchado en una visión general del hombre y de la comunidad. De esta paradoja evangélica de la humildad glorificada, él hace un fermento revolucionario. "En este mundo inerte, indiferente, inquebrantable, la santidad es en lo sucesivo la única política válida, y la inteligencia, para acompañarla, debe conservar la pureza del relámpago".
Todo en él es de origen cristiano.
Su esfuerzo es instaurar un razonamiento sobre la persona que sea común a los creyentes y a los no creyentes. Se trata de reintegrar la moral al ser y a una manera de ser. Pero, el ser lo halla quien se desposee. "El escándalo reinará en el mundo mientras la masa de los cristianos no pueda combatir sin reservas juntamente con la masa de los pobres y oprimidos", pero sin hacer del cristianismo una ideología de la liberación temporal.
Su objetivo nunca será hacer libros, sino hacer hombres. Nada de amueblar ocios, se trata de comprometer vidas. El aprendizaje del abandono es el camino de la realización auténtica. La desapropiación, ejercicio místico, llega a ser para él, el dato central de la acción. Los enemigos están identificados: la tiranía del dinero, el envilecimiento por la propiedad, la desgracia de la costumbre, la mediocridad burguesa y la estéril pretensión del saber.
Después del crak de 1929 derecha e izquierda machaconean sus viejas querellas. Mounier tiene la intuición de que esa sacudida es el fin de un mundo y de que reclama una resurrección, que es necesario oponer a esa civilización un proyecto global y nuevo. Durante siglos de dominación burguesa, el racionalismo, el individualismo, y el dinero han abismado al hombre, le han disociado de la naturaleza, de la comunidad y de sí mismo. No hay solución parcial; es necesario empezarlo todo de nuevo, a una luz nueva. La respuesta a la crisis es un discurso completo sobre el hombre y la civilización.
Contra el desorden establecido.
Hay un orden aparente que encubre un desorden establecido.
En nombre de lo espiritual ataca el desorden establecido y, en primer lugar, el capitalismo, "principal agente de opresión de la persona humana en el seno de la historia". La condena del capitalismo por Mounier es total, porque es metafísica. El capitalismo ha envilecido al hombre en la mediocridad del dinero. El mundo del dinero, pasadas las primeras aventuras, es el mundo de la facilidad. Conduce infaliblemente a la decadencia de la posesión. El mundo del pobre es la otra cara de la moneda.
En estas condiciones crece el burgués.
El hombre que logra lo fácil a costa de los otros. El burguesismo es el reino del egoísmo social. Un estilo descendente, un movimiento de degradación. El burgués es el hombre que ha perdido el amor, que no arriesga por los demás, que los explota y se empobrece a sí mismo al no poder amar. Por eso busca el goce egoísta, la individualización, el quedarse con alguien que le sirva para sus propósitos, para extraer de él algo sin dar nada.
La burguesía es la metafísica de la soledad.
Nadie está más solo que quien tiene a los demás por
meros objetos, y quien compra y vende a los demás con dinero.
La persona, en cambio, es la metafísica de la comunidad. Una comunidad es una persona de personas. El papel del personalismo es el de reencontrar la verdadera noción del hombre: dar un sentido a la persona, más allá de los errores individualistas o colectivistas.
Trabajamos para edificar las bases de la comunidad integral y de la vida autentica. Esto exige la coherencia personal. "Ante todo es necesario dar testimonio de nuestra ruptura con el desorden establecido. Pero, una toma de conciencia que no diera por resultado una toma de posición; un cambio de vida y no sólo de pensamiento, sería una nueva traición a lo espiritual". La primera tarea, por tanto, será: "hacer revolucionarios a los espirituales", es decir, arrancarles del individualismo y de la abstención en que se complacen, obligarlos a rupturas y a compromisos políticos.
La segunda tarea completa la primera: "hacer espirituales a los revolucionarios", es decir, abrirlos a los valores sin los cuales la revolución cae de nuevo en opresión colectiva.
Construir pacientemente una síntesis de civilización, educar para el mañana... pero también mantenerse disponible para el acontecimiento, comprometerse cuando la historia lo reclama, son las dos caras de un proyecto único.
"El hombre concreto es el hombre que se da". Tan pronto como se admite este aserto, desaparece el conflicto entre el individualismo y el colectivismo en provecho de un desarrollo mutuo: el amor hace existir a cada uno en particular y a todos juntos. 'Estamos en contra de la filosofía del yo, y a favor de la filosofía del nosotros", "El nosotros en una manera de pensar y de pronunciar la primera persona". "Sabemos que el amor no echa cuentas, que no es un notario, y que, entre quienes aman, la igualdad vendrá por sí misma. Más que egoísmo es ignorancia el no saber que la primera experiencia del verdadero amor es que el amor multiplica el amor, y que es preciso lanzarlo, desbordarlo alrededor de nosotros".
Su propósito no es pensar, sino salvar. Denuncia la injusticia y la opresión, pero en vez de atribuirlas a malas intenciones ve en ellas la consecuencia de una quiebra del espíritu, que se traduce en la desastrosa evolución de una historia mal encarrilada desde el Renacimiento.
Es una tarea socrática: no separar la búsqueda de la verdad de la condición cotidiana del hombre. Así pues, donde hay que establecer la reflexión es en la historia, en el centro del afán de los hombres y de su esfuerzo de liberación.
Hay que hacer de nuevo el Renacimiento, es decir, reasumir su proyecto unificador e innovador, pero, sin cometer su error, que fue separar al hombre de su medio natural y de sus comunidades. "El espíritu se define por la unión". El joven Mounier vio la vía de solución en el amor cristiano. Pero, el amor no es una estructura, se necesita un punto fijo y radiante a la vez, capaz de dar cuenta de una unidad que no sea ni la del concepto ni la del sentimiento, una unidad que se constituya disponiendo adecuadamente los grados del ser, que proyecte, y reúna las existencias, que se halle en cada individuo y al mismo tiempo los religue a todos. Ese punto focal es la persona. Una necesidad, una tarea y una tensión continuamente creadora. Un dinamismo de la generosidad que, para Mouníer, se apoya en un Dios personal y amoroso, creador de libertades.
La dulzura de la vida privada conduce a un verdadero "suicidio espiritual, una esterilización de la existencia". Sin embargo, la persona se realiza por una serie de actos originales que no tienen equivalente en ningún otro ser del universo: salir de sí; comprender; tomar sobre sí; dar; y se fiel.
La comunidad y las comunidades.
"El mundo moderno es un desplome colectivo, una despersonalización masiva". "La vida de comunidad no nace espontáneamente de la vida de un grupo. Es justamente con mi amigo como yo aprendo el amor a los hombres" (RPC)
Hay sociedades de camaradas; sociedades vitales; sociedades basadas en el contrato. Todos estos modelos de socialización deben ser integrados y rebasados en la única comunidad válida, la que reúne a personas y que Mounier no vacila en llamar "una persona de personas". Un proyecto de sociedad personalista, promueve la unión de las diversidades vivas.
En 1949, en El personalismo, Mounier afirmará más netamente que nunca la naturaleza intrínsecamente social y la vocación comunitaria de la persona, "presencia dirigida hacia el mundo. (...) Las demás personas no la limitan, la hacen ser y crecer. Ella no existe sino hacia el otro. La experiencia primitiva de la persona es la experiencia de la segunda persona. El Tú y, en él, el Nosotros, precede al Yo y le acompaña. (..) Casi se podría decir que yo no existo sino en la medida en que existo para otro, y, en el límite, ser es amar".
La ciudad liberada.
Para Mounier, la vida privada ocupa un lugar central: sin ella no hay comunidad ni verdadera acción. "Un régimen personalista (..} es un régimen que asegura a cada persona, realmente y no por delegación colectiva, su puesto de autonomía y de responsabilidad eficaz en el organismo colectivo, y que no niega a nadie, ni aun a los reticentes sobre el régimen, el mínimo de los derechos de la persona. Democracia no es para nosotros el régimen del número anónimo, ni siquiera la sanción de la unanimidad, sino el reinado de la responsabilidad viva dentro del derecho vivo."
La familia, lugar, con harta frecuencia de una opresión secreta; debe pasar del régimen celular al régimen comunitario; hay que salvarla de la dictadura invisible del espíritu burgués.
La mujer. Hay que arrebatársela al autoritarismo masculino. Después de siglos de relegación, "¿cómo discernir lo que es naturaleza, lo que es artificio, represión o desviación por la historia?".
Llamada al despertar de las oprimidas: "A través de este caos de destinos derrumbados, de vidas paralizadas, de fuerzas perdidas, la más rica reserva de la humanidad, sin duda; una reserva de amor para hacer saltar en pedazos la ciudad de los hombres, la ciudad dura, egoísta, avara y mentirosa de los hombres"
El niño. Hay que sustraerlo a la opresión de la familia y del Estado y educarlo audazmente para el diálogo y para la afirmación de sí. Educar no es hacer, sino despertar personas.
La intuición que tiene de la pérdida del hombre en las cosas, la aplica a toda la cultura, a todo un sistema de vida que aprisiona incluso a los que creen impugnarlo. Hay un antagonismo fundamental entre la libertad y el bienestar. Hay que ser doblemente revolucionario, por tanto, primero contra la desgracia y después contra la felicidad. Si no se cambia el corazón de los hombres, y las relaciones entre los hombres, en la aspereza de lo cotidiano, las revoluciones no harán otra cosa que traernos nuevos tiranos.
Libertad y compromiso.
La libertad es dinamismo, fuerza. Es necesario comprender a la libertad en el dinamismo total de la persona. La libertad no es individual, ni mucho menos individualista. La libertad ha de hacerse en comunidad, para todos o para ninguno. No puede hablarse de libertades individuales a costa de libertades colectivas, ni al revés.
La libertad va profundamente unida a la vocación de servicio personalista. Por eso, la lucha por la libertad no conoce fin, es lucha de ruptura, de conquista y de adhesión.
Libertad es además, movimiento hacia la trascendencia: libertad es experiencia de los valores interpersonales hacia el valor transpersonal, que para el cristiano es Dios.
La historia de la libertad se hace en la lucha por la libertad. Es demasiado frecuente una preocupación egoísta de libertad mientras el drama colectivo no se tiene en cuenta.
Ser libre es hacer.
No hay libertad en el hombre sino en la realización de un compromiso, y no hay compromiso en el hombre sino en libertad. Toda otra libertad, como todo otro compromiso, lleva a la servidumbre.
Compromiso.
La libertad sí, pero, bajo condiciones. La condición de que haya libertad es que haya personas y sólo hay personas si hay vínculos de amor. Y nadie ama más a su prójimo que el que da la vida por él.
La libertad exige la presencia en la lucha: adsum, estoy presente. No es una libertad de abstención, sino de compromiso.
Revolución espiritual y revolución de estructuras: Mounier las reivindica juntamente. La política, tal como se hace, no tiene realidad: es ese discurso degradado que Peguy oponía a la mística. La opción política buscará más hondo, por tanto, sus puntos de apoyo, y pondrá sus miras en la ciudad considerada en su realidad cotidiana.
Se busca crear las bases de una sociedad en la que la persona pueda realizarse plenamente mediante la educación, la cultura y la mediación de las comunidades liberadas: familia, iglesia, sindicato, movimientos de juventud, etc.
Mounier no se ha dejado encerrar en un neutralismo vago, y la razón esta en que tiene la virtud política del sentido del enemigo. El enemigo al que había resuelto combatir, el dinero-rey, no es una forma abstracta y moralizante, sino una presencia inmediata, política: el capitalismo, del que dijo en 1933: "Jamás tirano alguno dispuso de tan universal poder de triturar a los hombres con la miseria o con la guerra; de un extremo a otro de la tierra, ningún tirano acumuló en el silencio de la normalidad tantas ruinas e injusticias".
A diferencia de tantos cristianos que, en política, olvidan la lucidez paulina, él veía el mal, el mal concreto, la red de intereses y de poderes, tras los discursos moralistas y las ideologías de la buena voluntad. Por eso dice en 1934: "A muchos demócratas cristianos les reprochamos precisamente el no haber... buscado con suficiente grandeza la audaz tradición que les hubiese empujado a la vanguardia, en vez de paralizarlos en las fluctuaciones moderadas hasta hacer de ellas el último v malsonante remolque de la reacción. Hay más aún. Nunca se denunciará lo bastante la mentira democrática en régimen capitalista. La libertad capitalista ha entregado la democracia liberal, utilizando sus fórmulas mismas y las armas que ella le daba, a la _oligarquía de los ricos (oligarquía de poder y de clase); después, en la última etapa, a un estatismo controlado por la gran banca y la gran industria, que se han apoderado, no solamente de los mandos ocultos del organismo político, sino de la prensa, de la opinión, de la cultura, a veces has/a de los representantes de lo espiritual, para dictar las voluntades de una clase y modelar incluso las aspiraciones de las masas a imagen de las suyas, al mismo tiempo que les negaban los medios para realizarlas (.) En su carta leo, señor, palabras muy duras contra la corrupción en que estamos sumergidos. También en esto me temo que usted no reconozca el mal sino como un mal externo, el atasco de un engranaje en buenas condiciones. No le quitemos importancia al problema: se trata del dominio, sobre una estructura democrática desfalleciente, de una estructura capitalista inaceptable. No se trata de purificar, sino de rehacer, desde las raíces, valerosamente, todas las estructuras sociales (y por añadidura, el corazón del hombre, pero esto es cosa aparte)". Valía la pena reproducir un texto un poco largo porque parece escrito hoy.
Lo espiritual y lo político.
El acontecimiento no está donde generalmente lo situamos, y tenemos que descifrar los signos medio falseados que nos entrega la actualidad. Son las situaciones habituales las que manifiestan el desorden establecido, en tanto que son los hombres, las obras y los valores "no señalados por ningún estallido", los que preparan los renacimientos. Para Mounier, el acontecimiento lleva la llamada del otro, el sufrimiento y la esperanza del otro. Y obliga a la persona a desapegarse de sí misma, a rebasarse, a comulgar.
Sin embargo, nunca cederá al colectivismo de la acción y del pensamiento, ni tampoco se adherirá a las interpretaciones globales de la historia. Esto queda claro: no hay acontecimiento sino para una persona o una comunidad personalizada; sólo sucede algo a aquellos que existen (y es la existencia misma la que reclama y consagra el acontecimiento) no hay drama, como no hay historia más que para una conciencia singular. Pero, un hombre no alcanza su madurez hasta que no asume fidelidades que valen más que su vida.
El cristianismo de los fuertes.
No hay un Mouníer cristiano junto al filósofo o al político. Su fe es lo que le fundamenta, su fe es su origen y su horizonte, su alfa y su omega. Pero, hay que saber dar razón de lo que creemos. "Cuanto más audazmente se compromete el cristiano, más se impone a él el deber de vigilar y de mantener el rigor de su cristianismo."
Para Mounier ha sido la burguesía la que ha "desvirilízado" el cristianismo. "Hoy no se puede ser totalmente cristiano sin ser un rebelde" (1934). Ser revolucionario implica inmediatamente un trabajo continuo de despojamiento de los ídolos.
La revolución la han de asumir todos y cada uno de los hombres. Ser revolucionario no es ser un gran hombre, es poner simplemente el empeño, la formación y la honradez en manos de la lucha por la verdad, y desde allí organizarse. El verdadero hombre extraordinario es el verdadero hombre ordinario.
Hay que hacer del cristiano un ser robusto, valeroso, que afronta el mundo y crea algo nuevo, en vez de "consolar a las retaguardias".
Libra una batalla especial contra el pacifismo de la blandura y del abandono, sin cesar de repetir que la paz es el privilegio de los fuertes, de los que primeramente han superado el miedo y quieren concretamente la justicia. La revolución exterior implica la interior: hacer la justicia por amor. A esto llama Mounier revolución espiritual.
Contra el falso espiritualismo afirma que el cristiano que habla con desprecio del cuerpo y de la materia, lo hace contra el núcleo de su tradición. Olvida que el cuerpo es templo vivo del Espíritu.
La resurrección de los cuerpos es la resurrección del hombre total. De ahí que no puede decirse cristiano quien no luche por la resurrección de los cuerpos, esto es, por la resurrección de las condiciones de vida de quienes no pueden vivir.
El puesto de un cristiano.
Este antiespiritualismo exige un espiritualismo verdadero, que tras la denuncia del desorden busque el orden por su testimonio revolucionario. No puede realizar su espíritu quien abandona los problemas temporales de la carne. No puede amarse a Dios si no se ama al prójimo, y éste es prójimo en tanto es hermano. Para el hermano se busca lo mejor, lo que se quiere para uno mismo.
"El tiempo espiritual no es un florecimiento feliz y espontáneo. No palpita ni en la categoría de la felicidad ni en la del progreso. Está hecho de saltos violentos, de crisis y de noches que son interrumpidas por escasos momentos de plenitud y de paz. (..). En el límite, el místico dirá: a la plenitud del todo por la prueba de la nada" (1944). Está aquí presente lo mejor de la mística española: "Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada".
Así quedan fundadas las condiciones de la opción política. Hay una inspiración cristiana, pero no hay línea cristiana porque de la fe no se puede deducir un sentido predeterminado de la historia. El creyente debe "sufrir la medida común", buscar, inventar, actuar con los demás.
Dirá que es socialista porque es cristiano; pero nunca dirá que es socialista cristiano; y se guarda muy bien de gravar el cristianismo con una opción política. "El hecho de que se pueda (sin impostura) poner el nombre de cristiana a tanta determinación política contradictoria, demuestra suficientemente que, si el cristianismo impone un espíritu en política, no impone una política" (1948).
"Lo temporal es, por entero, el sacramento del Reino de Dios". Por eso debe ser reconstruido. Por eso es necesario marchar junto con quienes construyen la ciudad nueva.
Este mundo es lento en venir. "El cristianismo no está amenazado de herejía: va no apasiona lo bastante para eso. Está amenazado de una especie de apostasía silenciosa, hecha de la indiferencia circundante y de su propia distracción. (..) se aproxima (..) la muerte de la cristiandad occidental, feudal y burguesa. Mañana, o pasado mañana, una cristiandad nueva nacerá de nuevos estratos sociales y de injertos extraeuropeos. Aún es necesario que no la ahoguemos con el cadáver de la otra" (1947).
Su precepto capital era: "El objetivo final de la inteligencia es la comunión". Nadie le pudo hacer renunciar a él.
E. Mounier ha tenido, como ningún otro de los que supo reunir a su alrededor, el sentido pluri-dimensional del tema de la persona. Pero lo más cautivador de su persona es la unión de la virtud del enfrentamiento, y la generosidad del corazón; esa sutil alianza de una bella virtud ética con una bella virtud poética, que hacía de él un hombre a la vez irreductible y ofrecido.
Antonio Calvo.

pelicano pan de vida
sombrero

Venderme a mí mismo es un mal negocio Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias. Cada día en que recuerdo el amor que di, que te di a ti, buscando salvarte con mi vida; pienso en entregas sin reservas, hasta quedar sin nada. Cansado y abatido. Cada día en que reviso mis palabras y acciones dadas; las que tuve para darlas, porque partieron de El primero. Veo que en mi no quedaron dividendos, pero si se repararon brechas y senderos frecuentados. Cada día en que recuerdo que se hartaron en sequedales mis huesos. Fue ver, que di lo recibido y que otros hicieron lo mismo. Al beber en la misma fuente, fueron ríos de vida para otros. Por eso se que venderme a mí mismo es un mal negocio. Venderme a mí mismo es un mal negocio Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias. Cada día en que brilló lo más oscuro de mi, como luz de mediodía, no fue porque disfracé mi amor de caricias; fue porque desvelé SU amor a otros. Cada día en que se me confió dar pan al hambriento no fue el pan que perece fue el amor que permanece. Hacer saber, con la humildad de la pobreza cuando no sabes, ni tienes, ni puedes; para ti mismo ni para nadie, que hay un amor del Padre que hace salir el sol para buenos y malos. Es eso lo que hace milagros. Venderme a mí mismo es un mal negocio Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias. Cada día en que amé buscando mi paga. Quedó mi corazón vacío, embotados mis sentidos, sedientos de un placer que no sacia. Muerta mi alma. Y cada día en que dejé que El me amara primero por la escala secreta disfrazada Y yo le regalaba y El quiso regalarme el ventalle de cedros que aire daba. Ese día… fue regado con una promesa, de que a izquierda y derecha de mi vida, saldría un pueblo numeroso como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Cada día en que su amor fue primero, me capacitó después, para gustar de la espera. Y en la espera el amor se hizo más amor. Y se renovaron mis fuerzas, y remontó mi vida con alas, como las águilas, y amar sin temer, el cansancio ni la fatiga pudo ser posible Venderme a mí mismo es un mal negocio Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias.  

Fotografía: "Sombrero". Autor: Miguel Roa Guzmán

pelicano pan de vida
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Basilio nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el Asia Menor, a mediados del año 329. Por parte de padre y de madre, descendía de familias cristianas que habían sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste.
Su padre, San Basilio el Viejo, y su madre, Santa Emelia, poseían vastos terrenos y Basilio pasó su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyo ejemplo y cuyas enseñanzas nunca olvidó.
Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañeros de estudio a San Gregorio Nacianceno, que se convirtió en su amigo inseparable y a Juliano, que más tarde sería el emperador apóstata.
Basilio y Gregorio Nacianceno, los dos jóvenes capadocios, se asociaron con los más selectos talentos contemporáneos y, como lo dice éste último en sus escritos, “sólo conocíamos dos calles en la ciudad: la que conducía a la iglesia y la que nos llevaba a las escuelas”.
Tan pronto como Basilio aprendió todo lo que sus maestros podían enseñarle, regresó a Cesárea. Ahí pasó algunos años en la enseñanza de la retórica y, cuando se hallaba en los umbrales de una brillantísima carrera, se sintió impulsado a abandonar todo, por consejo de su hermana mayor, Macrina.
Insatisfecho por los éxitos mundanos, al darse cuenta de que había perdido mucho tiempo en las vanidades, él mismo confiesa: “Un día, como despertando de un sueño profundo, me dirigí a la admirable luz de la verdad del Evangelio,… y lloré sobre mi miserable vida”. (Audiencia de Benedicto XVI, 4-VII-07).
Fue entonces,cuando tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica. Comenzó por visitar los principales monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa.
Al regreso de su extensa gira, se estableció en un paraje agreste y muy hermoso en la región del Ponto, separado de Annesi por el río Iris, y en aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio.
Con los discípulos, que no tardaron en agruparse en torno suyo, entre los cuales figuraba su hermano Pedro, formó el primer monasterio que hubo en el Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente.
San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.
LABOR SACERDOTAL
Atraído por Cristo, comenzó a tener ojos sólo para él y para escucharle sólo a él.
A partir del 358 se dedicó con determinación a la vida de oración, en la meditación de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los Padres de la Iglesia y en el ejercicio de la caridad (Audiencia de Benedicto XVI, 4-VII-07), a orillas del Iris; pronto fue tanta la afluencia de prosélitos que se hizo precisa la creación de otros monasterios en el Ponto.
Por este tiempo recibe la visita de Gregorio Nacianceno, y entre ambos preparan una antología de las obras de Orígenes llamada Philocalia. Basilio escribe aquí sus Moralia y sus dos Reglas. En el año 360 toma parte en el sínodo de Constantinopla.
Accediendo a los ruegos del obispo Eusebio, es ordenado sacerdote (364); pero pronto, su valía provocará los celos de aquél, por lo que Basilio termina retirándose nuevamente a la soledad.
Sin embargo, gracias a la acción diplomática realizada por Gregorio de Nacianzo, se reconciliaron: éste se quedó en Cesárea como el primer auxiliar del arzobispo; en realidad, era él quien gobernaba la Iglesia, pero empleaba su gran tacto para que se diera crédito a Eusebio por todo lo que él realizaba.
Durante una época de sequía a la que siguió otra de hambre, Basilio echó mano de todos los bienes que le había heredado su madre, los vendió y distribuyó el producto entre los más necesitados; mas no se detuvo ahí su caridad, puesto que también organizó un vasto sistema de ayuda, que comprendía a las cocinas ambulantes que él mismo, resguardado con un delantal de manta y cucharón en ristre, conducía por las calles de los barrios más apartados para distribuir alimentos a los pobres.
San Basilio creó un monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia local, sino abierta a ella. Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a él, el amor por él, sobre todo en las obras de caridad. (Audiencia de Benedicto XVI, 4-VII-07)
El Siervo de Dios Juan Pablo II, hablando del monaquismo escribió: “muchos piensan que esa institución tan importante en toda la Iglesia como es la vida monástica, quedó establecida, para todos los siglos, principalmente por San Basilio o que, al menos, la naturaleza de la misma no habría quedado tan propiamente definida sin su decisiva aportación”. (Audiencia de Benedicto XVI, 4-VII-07).
OBISPO DE CESAREA
San Basilio Magno
Ya obispo (había sido elegido el año 370 como sucesor del obispo Eusebio), es en la organización de la caridad donde Basilio manifestó su celo, con lo que enseguida se ganó el amor de su pueblo: fundó hospitales, hogares para los pobres, y hospicios para extranjeros y viajantes.
El clero, tanto secular como regular, tiene en Basilio un obispo que sabe defender ante el poder civil las inmunidades eclesiásticas.
Basilio fue un obispo entregado de lleno a su cargo pastoral; sobre él pesaban la herejía arriana y un cisma que se aproximaba amenazante:los obispos Melecio, Euzoyo y Paulino se disputaban la sede de la Iglesia antioquena.
El primero había sido elegido canónicamente (360) y fue desterrado al mes de su designación; Euzoyo, arriano más tarde, fue puesto ese mismo año por el emperador Constantino; y por último, Paulino que estaba al frente del grupo de antioquenos ortodoxos que se separaron de la Iglesia primera al ser enviado Melecio al destierro.
En torno a Melecio estaba, además de la mayor parte del pueblo antioqueno, un buen número de obispos del patriarcado sufragáneo.
Basilio creía que Melecio era el obispo legítimo de Antioquía y todos sus esfuerzos fueron encaminados para que éste fuese reconocido como tal; pero Roma y Occidente reconocían a Paulino. De este modo, las cartas provenientes de Roma contestando a las de Basilio no le ofrecían ayuda alguna.
Las preocupaciones de Basilio aumentaron cuando algunos de sus sufragáneos, recelosos de su elevación, sembraron dudas sobre su ortodoxia. En esta ocasión, pronto fue zanjada la cuestión; bastó a Basilio escribir su tratado De Spiritu Sancto.
Antes de cumplirse doce meses del nombramiento de Basilio, el emperador Valente llegó a Cesarea, tras de haber desarrollado en Bitrina y Galacia una implacable campaña de persecuciones. Por delante suyo envió al prefecto Modesto, con la misión de convencer a Basilio para que se sometiera o, por lo menos, accediera a tratar algún compromiso. Varios habían renegado por miedo, pero nuestro santo le respondió:
¿Qué me vas a poder quitar si no tengo ni casas ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Que me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento . . .
 
El gobernador respondió, admirado: “Jamás nadie me había contestado así”. Y Basilio añadió: “Es que jamás te habías encontrado con un obispo”. El emperador confesó que, muy a su pesar, admiraba la firme determinación de Basilio y, a fin de cuentas, resolvió que, en lo sucesivo, no volvería a intervenir en los asuntos eclesiásticos de Cesárea.
MUERTE Y FAMA DE SANTIDAD
San Basilio Magno
El 9 de agosto del 378 muere el emperador Valente. Su sucesor Graciano restableció la libertad religiosa. Todo parecía augurar tiempos mejores.
Pero San Basilio murió el 1º de enero del año 379, a la edad de cuarenta y nueve años, agotado por la austeridad en que había vivido, el trabajo incansable y una penosa enfermedad.
Toda Cesárea quedó enlutada y sus habitantes lo lloraron como a un padre y a un protector; los paganos, judíos y cristianos se unieron en el duelo.
San Gregorio Nacianceno, Arzobispo de Constantinopla, dijo en el día del entierro:
“Basilio santo, nació entre santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio hijo de mártires, sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables".
Setenta y dos años después de su muerte, el Concilio de Calcedonia le rindió homenaje con estas palabras: “El gran Basilio, el ministro de la gracia que expuso la verdad al mundo entero indudablemente fue uno de los más elocuentes oradores, entre los mejores que la Iglesia haya tenido; sus escritos le han colocado en lugar de privilegio entre sus doctores”.
 
Fuente: J. IBÁÑEZ IBÁÑEZ (GER)
BIBL. : D. AMAND. L'ascese monastique de saint Basile, Ma. redsous 1949; A. CAVALLIN, Studien zu den Briefen des hl. B., Londres 1944; I. GRIBOMONT, Histoire du texte des Ascétiques de S. B., Lovaina 1953; ID, L'exhortation au renoncement attribué a saint B. Étude d'authenticité, «Orientalia Christiana Periodica» 21 (1955) 375-98; S. I. RUDBERG, Études sur la tradition manuscrite de S. B., Londres 1953; ID, Die lat. Hexameron. Obers. d. Eustathios, Lovaina 1957; H. DORRIES, Der Beitrag des B. zum Abschluss des trinitarischen Dogmas, Gottinga 1956; S. T. GIET, Homélies sur l'Hexameron, «Sources Chrét.» 26, París 1950; ID, Les idées et l'action sociales de Saint Basile, París 1941; ÍD, S. B. et les pouvoirs publics, «La Vie Spirituelle» 69 (1943) 349-60; ÍD, Le rigorisme de S. B., «Revue des Sciences Religieuses» 23 (1949), 333-42; J. GRIBOMONT, Le renoncement au monde dans l'idéal ascétique de s. B., «Irénikon» 31 (1958) 282-30'l, 460-475; ÍD, Les Regles morales de Saint. Basile et le Nouveau Testament, «Studia Patristica» II, Berlín 1957, 416-26; ÍD, Obéissance et Évangile selon Saint Basile le Grand. «La Vie Spirituelle» Suppl. VI (1952) 192-215; B. PRUCHE, Traité du Saint Esprit, «Sources Chrét.» 17, París 1945; B. BOBRINSKOY, Liturgie et ecclésiologie trinitaire de S. B., «Verbum Caro» 23 (1969) 1-32; J. M. HORNUS, La divinité du S. Esprit comme condition du salut personnel, ib. 23 (1969) 33-62; P. C. CHRISTOU, L'enseignement de S. B. sur le S. Esprit, ib. 23 (1969) 86-98; J. E. BAMBERGER, «Mnéme» «Diazesis»: The Psychic Dynamismus in the Ascetical Theology of St. B., «Orientalia Christiana Periodica» 34 (1968) 233-251; J. IBÁÑEZ, Iglesia: fundamento teológico y organización en Basilio de Cesarea, Roma 1964; ÍD, Aspecto eclesiológico en la teologÍa de Basilio de Cesarea, «Scripta Theologica» 2 (1970) 7-38; D. STIERNON, Basilio il Grande, en Bibl. Sant. 2, 910-944.
 

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En 2010, el 22 de Mayo, celebramos el encuentro diocesano del apostolado seglar de la diócesis de Jaén. En dicho encuentro contamos con la presencia inestimable de alguien muy especial: D. Elías Yañez, Arzobispo emérito de Zaragoza, ex presidente de la asamblea episcopal, y un gran impulsor del apostolado seglar. Actualmente dirige la colección del Itinerario de Formación Cristiana de Adultos. Su mensaje fué clave, y yo la resumo en una frase: "Para tener un movimiento de apostolado seglar fuerte, necesitamos organizaciones fuertes, que se centren en lo fundamental, no en lo específico de cada movimiento concreto"

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El equipo de la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar, coordinado por Luis María Salazar, prepara el Encuentro Provincial de Apostolado Seglar para el día 22 de Mayo en el Seminario Diocesano de Jaén.
Este encuentro está dirigido a convocar Movimientos de Acción en el Apostolado Seglar, Consejos Pastorales de las Parroquias, Catequistas, Grupos de participantes del Itinerario de Formación Cristiana para Adultos de la Conferencia Episcopal,Acompañantes del mismo, y en general a todos y todas los y las Seglares comprometidos y comprometidas con La Acción Evangelizadora.
El encuentro durará hasta el medio día del día 22 de Mayo, finalizando con una comida de convivencia para quienes nos quieran acompañar.
Tendrá comienzo a las 10.00 a.m. de la mañana con la acogida y entrega de documentación, continuará con la oración y una actividad de expresión y performance, y a las 11.30 tendrá lugar la ponencia inaugural a cargo de D. Elías Yanes Arzobispo emérito de Zaragoza. A las 13.00 h. tendrá lugar la Presentación de la Beatificación de Manuel Lozano Garrido, "Lolo" y finalizará con el último acto sobre las 13.30 én el que se darán diversas comunicaciones.
El objetivo del encuentro es celebrar la preparación de Pentecostés, así como generar un encuentro rico y motivador que permita el intercambio.
Esperamos contar con vuestra presencia

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Amigo Juan Bosco Rubio Vaquero. Sacerdote Salesiano.
Querido amigo Juan Bosco, hoy en la reunión de la Junta Directiva de la Red Lienzos, en Jaén, Mari Carmen Cruz, me ha dado la noticia, cuando le he dicho "Mari Carmen he de hacer un viaje contigo a Córdoba a ver..." y ella no me ha dejado terminar la frase..."No pedro, ya no está, Juan Bosco falleció el día 7 de Marzo".
Te has ido amigo,y no he podido despedirme de ti,estar este tiempo contigo, ser testigo de cómo cada día te acercabas a hablar con los Jóvenes del Club Don Bosco en Córdoba. Haber vivido junto a ti este tiempo, en que no tenías la salud, por ese cancer que te llevaba,pero tenías la vida, la vida que con amor nos has transmitido a quienes de jóvenes hemos tenido la suerte de conocerte, y has seguido dando cada día hasta casi tus 67 años reciencumplidos.
Sólo me queda dar gracias por tu vida,por ese sabor tan lindo que dejas en quienes te conocimos.A pesar de las dificultades que pasaste, se que Dios, te ha dado una fuerza en la delicadeza de tu salud que te ha llevado a seguir dando la vida.
Siempre recordaré aquel año 1988 en que te conocí,y las conversaciones que tuvimos. Yo había estudiado en el colegio Salesiano de San Agustin de Linares, pero no te conocí ahí. Dios te puso en mi camino en el lugar menos imaginable que podía haber imaginado conocerte. El grupo de Objetores de Conciencia "Al' alba" que yo dinamizaba en la Universidad Popular. Y una tarde te llegaste, ya con tu barba entrecana, entrado en los cuarenta y tantos, tu pequeña estatura y esa actitud tan humilde y cercana, que te hacía tan respetuoso con todos y esa chispa en tu mirada que se anhelaba cuando no estabas, vulnerable pero fuerte, pobre y pequeño. ¿Que fuego te consumía?, ¡qué deseo de acercarnos a la verdad y a El!
Descubrir contigo, cómo un sacerdote se acerca a los ambientes, allí donde están los jóvenes que no viven la fe, no a ganartelos con palabras de sabiduría ni con obras humanas, sino para ganarles en el corazón,con la Palabra de Dios,respuesta para sus vidas, jóvenes que tienen una vida grande en sus manos,pero sólo necesitan dar con Aquél que oriente su existir,y tú nos lo traías encarnado en ti,pero aún no teníamos la mirada de la fe despierta,para reconocerle en ti.Y era tu mirada de Misericordia el mejor regalo que Dios pudo hacernos con tu vida en aquellos momentos.
Tu presencia cercana y sencilla cada semana en aquél pequeño local,desde tu madurez, estar sin dirigir, pudiendo ser nuestro líder,no lo hiciste,sólo estar para dar una mirada, más profunda, a esa responsabilidad que Alguien haciendo experiencia de encarnación en ti,  quería formar en nosotros,desde la Libertad que contigo experimentábamos, caminando a nuestro lado.
Y aquellas reflexiones tuyas que nos compartías cuestionando el sistema,querías proponer que se trasladara el colegio de los Salesianos de Linares,situado en una zona céntrica y cambiarlo por otro colegio del Barrio de los Arrayanes de Linares, una zona marginal entonces y de la afueras donde tantos jóvenes necesitaban dar contigo, y con El, el Señor, através de ti. Hoy sabes,que el Club Don Bosco,también está en este barrio. También recuerdo cuando en Jaén,tú y otros Sacerdotes Salesianos pusisteis en marcha para la Diputación aquellos hogares infantiles, que después de montarlos,se os dejó fuera de todo aquello, ¡que duro golpe!, algo montado con tanta ilusión y fe.Y de pronto sin una palabra de gradecimiento, dejarte fuera de aquél proyecto.
"Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero,como una oveja mudante el que la esquila,él no abría su boca". Isaías,53-7
Contigo fuímos vislumbrando un amor,más maduro,mas responsable, en el que nos invitabas a hacer libre al otro, a verlo como un regalo que se nos confía, como alguien único e irrepetible. A hacerle hermano en el reino. Pero cuan lejos estábamos de darnos cuenta, y cuanta paciencia tuviste.
Tu siempre has sabido de cercanías, de acercamientos, al igual que en Alemania,cuando estudiaste la Licenciatura de Sociología,y estabas en los talleres de máquinas,con las manos tiznadas de grasa,cerca de los ambientes donde estaban los jóvenes, aquello era sociología, construir análisis de contextos sin más instrumento que tu sencillez y tu vida al lado de ellos, ayudándoles a leer su vida. Nunca quisiste imponerte, nunca quisiste invadir nuestros espacios,tampoco quisiste acelerar nuestros tiempo,sin más arte que tu espera en Dios, ¿cómo no buscarte? charlar contigo, si esa Pedagogía tuya sólo puede enseñarme hoy, a acercarme así a los jóvenes con los que trabajo, con esa delicadeza tuya que no imponía nada, que no pedía nada. Pero se hacía presente en una vida como la tuya. A nuestro lado, siempre dispuesto, como un amigo charla con otro amigo.
"Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo". Apocalipsis 3,20 Y ese recuerdo de tu madre, que en un pueblecito cordobés, ¿Pozoblanco?, ¿Palma del Rio? nos la referías como alguien que en la madurez de su vida, de figura menuda como tu, te hacía pensar en ella, en su fragilidad, no olvido tu cara quebrarse recordándola,que de pronto te hacía hijo amado,y ese testimonio era en ti el mejor Evangelio.
"Despreciado, desechado por los hombres,abrumado de dolores y habituado al sufrimiento,como alguien ante quien se aparta el rostro,tan despreciado, que lo tuvimos por nada.Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado,herido por Dios y humillado".Isaías 53,3-4
A veces fué tanta la impresión que nos causó tu vida, que Diego Montilla, aquél jóven que trabajaba con nosotros en el barrio de la Fuente del Pisar de Linares, en la Asociación de Vecinos de la Esperanza, dio el paso a vivir con la vida entregada, hoy Sacerdote Salesiano como tu.
Juan Bosco,el paso de tu vida por cada uno de aquellos jóvenes,no nos dejó igual,algo cambió en cada uno de nosotros,unos más conscientes que otros.Y si no,¿porqué en la medida que ibamos madurando,te llamamos tanto?, para saber de ti cuando te fuiste de Linares. Quizás porque un fuego prendía nuestros corazones cuando tu vida, sencilla y humilde, rebelde como nosotros nos cuestionaba sólo con tu presencia en nuestros ambientes, si Juan Bosco tu vida, Evangelio vivo,sólo pensar en ella, ya se siente un fuego dentro.
Sabrás que años más tarde Pepe y Javi estuvieron en la cárcel, por ser objetores insumisos,en toda Andalucía y en ese tiempo,les tocó sólo a ellos, aquello les marcó para siempre,pero siguen dando de si alli en los ambientes donde están. Tu ya no estabas aquí,pero seguro orabas por nosotros,aunque no podías orar en nuestro lugar,eso era algo que sólo podíamos hacer cada cual.
Hoy muchos de aquellos jóvenes, casualmente,y ya en nuestra madurez, también estamos con otros Jóvenes, Pablo da clase de Religión,Pepe es profesor en la Universidad,Diego como sacerdote ha estado dinamizando el club Don Bosco en Andalucía,Luis y Javi organizan reuniones de comercio justo y foros de sensibilización, Juan Carlos se dedica a la producción audiovisual, Alberto y otros se fueron de Andalucía; y yo sin más fuego que el que vimos en ti estoy en el mundo rural,llevando eso que tu nos enseñaste, que nuestra vida en respeto y libertad por ellos, sirva de luz, para que los jóvenes con los que damos les consquiste el mismo fuego,que nos conquistó de ti. Gracias,y desde el cielo,no dejes de interceder por quienes tuvimos la suerte de conocerte.
"El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento.Si ofrece su vida en sacrificio de reparación,verá su descendencia,prolongará sus días,y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él". Isaías 53,7 Linares. 17 de Marzo.

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La Delegación Diocesana de Apostolado Seglar en Jaén,acaba de crear su perfil en Facebook, pronto sabremos de aquellas Parroquias en la Diócesis que se van sumando a la catequesis de adultos mediante el Itinerario de Formación Cristiana de la Conferencia Episcopal.
Así mismo si quieres ser Fan de esta página,sólo tienes que registrarte en Facebook, y si ya lo estás,búscala en el buscador.
Aún pendientes de un nuevo logo tipo, sin embargo la página está actualizada y de cara a darla a conocer el próximo 20 de Febrero en el Encuentro Estatal de la Conferencia Episcopal sobre APOSTOLADO SEGLAR, donde asistirá Mª Victoria por la Diócesis de Jaén, y miembro de la Delegacion Diocesana de Apostolado Seglar.

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