sombrero

Venderme a mí mismo es un mal negocio
Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias.

Cada día
en que recuerdo el amor que di,
que te di a ti,
buscando salvarte con mi vida;
pienso en entregas sin reservas, hasta quedar sin nada.
Cansado y abatido.

Cada día
en que reviso mis palabras y acciones dadas;
las que tuve para darlas,
porque partieron de El primero.
Veo que en mi no quedaron dividendos,
pero si se repararon brechas
y senderos frecuentados.

Cada día
en que recuerdo que se hartaron en sequedales mis huesos.
Fue ver, que di lo recibido y que otros hicieron lo mismo.
Al beber en la misma fuente, fueron ríos de vida para otros.
Por eso se que venderme a mí mismo
es un mal negocio.

Venderme a mí mismo es un mal negocio
Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias.

Cada día
en que brilló lo más oscuro de mi,
como luz de mediodía,
no fue porque disfracé mi amor de caricias;
fue porque desvelé SU amor a otros.

Cada día
en que se me confió dar pan al hambriento
no fue el pan que perece
fue el amor que permanece.

Hacer saber, con la humildad de la pobreza
cuando no sabes, ni tienes, ni puedes; para ti mismo ni para nadie,
que hay un amor del Padre
que hace salir el sol para buenos y malos.
Es eso lo que hace milagros.

Venderme a mí mismo es un mal negocio
Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias.

Cada día
en que amé buscando mi paga.
Quedó mi corazón vacío, embotados mis sentidos,
sedientos de un placer que no sacia.
Muerta mi alma.

Y cada día en que dejé que El me amara primero
por la escala secreta disfrazada
Y yo le regalaba
y El quiso regalarme el ventalle de cedros que aire daba.
Ese día…
fue regado con una promesa,
de que a izquierda y derecha
de mi vida, saldría un pueblo
numeroso como las estrellas del cielo
y las arenas del mar.

Cada día
en que su amor fue primero,
me capacitó después, para gustar de la espera.
Y en la espera el amor se hizo más amor.
Y se renovaron mis fuerzas, y remontó mi vida
con alas, como las águilas,
y amar sin temer,
el cansancio ni la fatiga
pudo ser posible

Venderme a mí mismo es un mal negocio
Te vendo un amor que es más fuerte que el mío, y yo no soy digno de atarle las sandalias.

 

Fotografía: “Sombrero”. Autor: Miguel Roa Guzmán

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Author: Pedro Torres

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